En el Foro Económico Mundial 2026, reunido en Davos bajo el lema “Un espíritu de diálogo”, el eslogan no se sintió promesa sino ironía. El Informe sobre Riesgos Globales 2026 identifica la “confrontación geoeconómica” como la principal amenaza.
Ya no es comercio, es poder. Construimos estrategia país por décadas en un orden internacional basado en reglas, las economías pequeñas podíamos jugar con cierta seguridad, pero en el actual ajedrez de las potencias somos un peón de los márgenes: movimientos cortos, decisiones ajenas, sacrificio.
La ficción agradable, la metáfora, terminó. Aranceles, logística y acceso a mercados se negocian con tono de ultimátum y no se trata de una discusión académica, los efectos no pegan en un paper, impactan en las regiones, en un packing, en el empleo temporal, en la pyme que presta servicios.
Hoy se proponen dos modelos para el mundo roto: coaliciones flexibles o negociaciones asimétricas.
Por una parte “Geometría Variable”. No es nueva, es pragmática. Acuerdos puntuales entre países con intereses convergentes. Lógica simple: en un mundo fragmentado, la fuerza de los medianos y pequeños aparece cuando se coordinan pues si negocian solos, les pasan por encima.
Por otra acuerdos bilaterales, se negocia de uno a uno, Chile lo ha hecho por años, pero ahora el poder se volvió rudo, en el esquema actual solo uno marca el ritmo.
Mientras en el foro de Davos se discute la arquitectura del nuevo orden, Chile ni siquiera envió delegación oficial, error gigantesco. Ahí se debate sobre supervivencia económica y soberanía y la ausencia no es neutralidad, es desventaja: Porque somos sensibles a presiones externas, porque existe un riesgo de marginalización y porque denunciar coerción puede traer represalias y callar supone subordinación. No hay salida limpia, solo decisiones estratégicas.
Una perspectiva local es indispensable porque cuando se sufre una represalia o un shock, no solo se registra en Hacienda, lo paga la cadena de producción regional.
Más que nunca se debe volver la mirada a las regiones: Infraestructura, logística, formación profesional, gobernanza local. La geopolítica no se vive sólo en la Cancillería, vive en la capacidad real del territorio.
En el nuevo desorden mundial la neutralidad conduce a la irrelevancia y la irrelevancia para un país exportador, se paga caro.






