Sin duda alguna el primer impacto del conflicto bélico es sobre el mercado energético, es decir petróleo y gas natural, producto de la interrupción de la cadena de suministros, lo cual implicará un efecto sobre el precio del crudo y por tanto la inflación. El precio de la energía y su estabilidad son un elemento clave para el control de la inflación y el crecimiento económico.
La región concentra aproximadamente un 20% del movimiento de crudo y gas mundial, el conflicto que es la mayor disrupción desde la pandemia, contribuirá al aumento significativo de las primas de seguro del transporte especialmente marítimo y de los contratos a futuro por aumento del riesgo.
Por citar un ejemplo, el viernes pasado el barril de petróleo cerró a US$73 y este lunes el precio observado del Brent subió un 13% a US $82,4 debido al cierre del Estrecho de Ormuz que impacta en la oferta global del crudo y por tanto su precio. Y como efecto adicional al transporte y la electricidad.
Dependiendo de la duración del conflicto, existen algunos pronósticos que indican que el precio del barril podría alcanzar los US$100.
Por su parte el precio del gas se incrementó en un 50% en Europa tras la caída de la producción de GNL en Qatar debido a los drones iraníes. Durante el mes de febrero, el Mwh de gas se cotizaba entre 30 y 38 euros, en esta semana aumentó a más de 48 euros.
Los mercados financieros por su parte han reaccionado con caídas generalizadas en aquellos activos considerados más riesgosos como las acciones de compañías aéreas y de turismo, y los inversionistas se están trasladando a activos refugio como son el oro, la plata y el dólar.
En el corto plazo, este mayor precio de la energía terminará trasladándose al consumidor vía inflación, dado el mayor precio del transporte de personas, el precio de la bencinas, la electricidad y bienes, entre otros.







