En una sesión marcada por la impaciencia y la exigencia de transparencia, el concejo municipal fue testigo de un nuevo capítulo en la controversia por la realización de la auditoría externa. Un compromiso que, pese a contar con la aprobación unánime de todo el cuerpo colegiado desde abril de 2025 y tener los recursos asignados en el presupuesto 2026, sigue sin dar luces de concreción.
El emplazamiento: «Señor alcalde, le exijo que dé curso»
El choque definitivo ocurrió durante la XVII sesión ordinaria, específicamente en la hora de incidentes. El concejal Matías Álvarez, con un rictus impertérrito y un tono directo que delataba su agotamiento, subió la temperatura de la discusión al abordar el estancamiento de un proceso que considera vital para la comuna. Esta era la cuarta vez que ponía el tema sobre la mesa en las últimas sesiones.
“Creo que ya es momento de ver plazos, es momento de fechas”, sentenció Álvarez, recordando la unanimidad del acuerdo previo.
Lejos de quedarse en una solicitud formal, el concejal elevó la presión hacia la máxima autoridad comunal con total franqueza: “Aunque suene difícil y a lo mejor un poco rudo, señor alcalde, le exijo que dé curso a esta auditoría”. Para amarrar el compromiso, solicitó formalmente una hoja de ruta detallada que explique, cómo se cumplirá la voluntad del concejo.
Qué dijo el alcalde
Ante la firme postura de Álvarez, el alcalde Pablo Silva desplegó un auténtico recital de retórica dilatoria. Silva multiplicó las explicaciones para justificar el freno de mano.
Primero, se escudó en el peso de la galaxia administrativa, asegurando que las cotizaciones ya se habían pedido, pero que el universo financiero no estaba alineado. Luego, apeló a la compasión macroeconómica, sacando a relucir un recorte gubernamental de aproximadamente 150 millones de pesos en el Fondo Común Municipal.
“Quien administra con la responsabilidad que tiene que tener… ve el momento oportuno en que se tiene que hacer”, lanzó el jefe comunal, sugiriendo con elegancia que el concejo tiene el poder de exigir, pero solo él tiene la madurez para manejar la billetera.
La encrucijada del costo
Para sumar más capas a sus argumentos, Silva planteó una preocupación casi existencial: el peligro de la «duplicidad». Según su visión, sería un pecado mortal gastar recursos municipales en auditar departamentos que la Contraloría ya miró de reojo.
Para solucionar el problema de un proceso que ya está aprobado, el alcalde propuso cómo no crear una nueva comisión que decida si la auditoría será completa o quirúrgica.
“Una auditoría completa no es muy económica y tenemos que ver también qué dejamos de hacer”, advirtió Silva, metiendo en el mismo saco de imprevistos municipales desde la macroeconomía estatal hasta las reparaciones de infraestructura fallidas que el municipio debe parchar con fondos propios. En el fondo, un sutil «si quieren auditoría, nos quedamos sin baches arreglados».
La sesión cerró con el compromiso de retomar la conversación una vez que todas las cotizaciones estén sobre la mesa.






