Ha comenzado el mes de julio, el que trae para los chilenos el recuerdo de una epopeya épica, casi irreal, que difícilmente desde la perspectiva del tiempo pasado podemos valorar en su justa y amplia dimensión.
Setentaisiete soldados, algunos de ellos sin llegar los 18 años, defendían por órdenes superiores el poblado cordillerano de la Concepción, en el marco de la Guerra del Pacifico.
Lo hacían sin cuestionamiento alguno, convencidos que todo militar que tuviera la orden de mantener su puesto, a toda costa lo debía hacer, la Patria era quien lo requería y nada podía hacerse en contra de ello, todo lo contrario, solo quedaba realizar el mayor de los sacrificios para cumplir la consigna, incluso rendir la vida sin dudarlo, lo que ocurrió con todos ellos, incluyendo las mujeres y niños que los acompañaban.
Lo anterior no es solo un hecho histórico digno de recordar, ya que es algo que va mucho más allá. Es un legado que proviniendo del pasado, debe ser asumido por las actuales generaciones, desde visiones específicas pero correlacionadas entre sí.
Para quienes visten el uniforme del Ejército, ese compromiso es asumido sirviendo a la Patria hasta rendir la vida si fuese necesario y conforme a las leyes y reglamentos vigentes, entre otros aspectos.
Para quien es un civil, no es necesario, ni menos exigible un juramento, basta con su propia convicción, a través de un compromiso muchas veces interior y en otros, los menos por cierto, público.
Para unos y otros, el comprometimiento con servir a los intereses nacionales se da en forma consiente o sin darse cuenta de lo que se está haciendo, evidenciándose en diversos ámbitos, como el familiar y el laboral.
Así es, amar a la Patria y comprometerse con Chile, no es exclusividad de quien viste el uniforme, la prerrogativa de hacerlo es de todos, sin necesidad de imposición alguna.
Obvia decir que dicho compromiso no tiene relación con el género, mujeres y hombres lo adquieren, pero bajo una condición de absoluta voluntariedad.
El combate de la Concepción nos recuerda que a Chile lo servimos todos los chilenos, unos desde la perspectiva castrense, otros desde la dimensión de su propia realidad, pero todos por amor a nuestro país, al cual le llamamos con amor profundo Patria, mismo nombre que musitaron en sus últimos momentos de vida el capitán Ignacio Carrera Pinto y los subtenientes Julio Montt Salamanca, Arturo Pérez Canto y Luis Cruz Martínez.






