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Columnas de Opinión

Déficit habitacional en O'Higgins: menos cifras, más territorio

JUEVES, 30 DE JULIO DE 2026


Cada vez que la Cámara Chilena de la Construcción publica un nuevo Balance de Vivienda, estudio elaborado en base a los resultados de la Encuesta CASEN, la atención suele centrarse en una pregunta: ¿subió o bajó el déficit habitacional? Sin embargo, limitar el análisis a esa cifra puede llevarnos a una conclusión equivocada. Los resultados muestran que el déficit habitacional en la Región de O’Higgins disminuyó cerca de un 6%, alcanzando alrededor de 40 mil familias. Es una señal positiva, pero sería un error pensar que el problema comienza a resolverse. Lo que realmente muestran los datos es que el déficit habitacional está cambiando y, con ello, también deberían cambiar las respuestas.

Hoy el desafío ya no se concentra únicamente en los hogares de menores ingresos. Los sectores medios enfrentan crecientes dificultades para acceder a una vivienda, en un escenario donde la oferta disponible y los instrumentos de apoyo no siempre dialogan con la realidad del mercado. En esa línea, el reciente anuncio del MINVU de un subsidio para viviendas de hasta 4.000 UF representa una señal relevante, porque reconoce una realidad que hace algunos años parecía lejana. No obstante, su éxito dependerá de que exista oferta suficiente, financiamiento adecuado y una implementación que considere las particularidades de cada territorio.

Los cambios también son demográficos. Los hogares unipersonales representan hoy un 38% del déficit regional, mientras aumenta la participación de personas entre 46 y 60 años que aún no logran acceder a una solución habitacional definitiva. Son transformaciones que evidencian que la demanda ya no responde al mismo perfil sobre el cual fueron diseñadas muchas de las políticas habitacionales vigentes.

La dimensión territorial también merece atención. Aunque Rancagua concentra una parte importante del déficit regional con un 22%, la realidad de las demás comunas demuestra que no existe un único problema habitacional. Las diferencias entre territorios urbanos y rurales son igualmente evidentes. Mientras las ciudades muestran avances, en el mundo rural persisten brechas asociadas al acceso a suelo, infraestructura y financiamiento, lo que obliga a pensar soluciones distintas para realidades distintas.

Frente a este escenario, la colaboración entre el sector público y privado deja de ser una opción para transformarse en una necesidad. En ese sentido, el principal aporte del Balance de Vivienda no radica únicamente en cuantificar el déficit habitacional, sino en entregar evidencia sobre cómo están cambiando las necesidades de las familias y los territorios.


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