Hace algunos días fue anunciado por el Gobierno de Estados Unidos la decisión de aplicar una sobretasa arancelaria del 12,5% a ciertos productos chilenos. Esta determinación se fundamenta en la investigación bajo la sección 301 de su Ley de Comercio contra cerca de 60 economías, concluyendo que no prohibían ni fiscalizaban ‘eficientemente’ la importación de productos elaborados mediante trabajo forzoso.
Dentro de los productos bajo el gravamen están el salmón, frutas, vinos y maderas.
“Evidentemente es negativo para la economía chilena”, comienza señalando el economista y docente de la UOH, Pablo Peña.
Contextualizando que, “la economía chilena es pequeña y exportadora, una economía abierta y en general las políticas arancelarias de nuestros socios comerciales nos afectan negativamente, es decir, se hacen más caras las exportaciones”.
Precisando que Estados Unidos es el segundo socio comercial más importante para Chile “con cerca del 20% de exportaciones” y que no se trata de “un arancel parejo, sino que es un arancel diferenciado y hay algunos sectores como la agricultura o la vitivinicultura que podrían sufrir un poquito más que otros sectores como la minería (que no tiene arancel)”.
Si bien efectivamente tiene una connotación negativa para la economía, Peña sostiene que el nuevo arancel no tiene ribetes ‘sorpresivos’ esto porque “el año pasado Estados Unidos ya había subido unilateralmente los aranceles, lo que pasó es que dentro de Estados Unidos, la Corte Suprema y el Congreso, le vetaron esa primera medida y ahora lo que hace el Gobierno de Donald Trump es volver a ingresar una nueva cláusula”.
Y dentro de esta comparativa es que, “el efecto, respecto al año pasado, yo diría que no va a ser tan significativo esta vez, sería significativo si bajara, si se redujera, pero probablemente muchos sectores, muchos exportadores ya están considerando esta sobretasa que se aplica este año”.
Sobre si estos nuevos aranceles podrían tener un efecto agudizando de manera negativa las cifras de desempleo, que particularmente en O’Higgins representan una realidad compleja, cifras que están sobre la media nacional, el experto afirma que es “discutible”.
Ya que “me da la impresión de que en la región de O’Higgins muchos exportadores ya tienen internalizada esa tasa y que el efecto específico de esta medida no va a ser tan sorpresivo (…) me parece que muchos exportadores ya están considerando que la política de aranceles de Estados Unidos va a ser más proteccionista y que este va a ser más o menos una realidad los próximos dos, tres años”.
En efecto, sostiene que de manera directa en la economía, más que los aranceles, ha influido, “evidentemente el shock de los combustibles y con una temporada 2026 que para la agricultura fue muy mal en la región de O’Higgins y hay una especie de reajuste».
“Entonces me da la impresión de que el 2026 y el 2027 van a ser temporadas de ajuste, pero probablemente la región va a vivir una recuperación ya para el próximo año, una recuperación tanto del empleo como con la producción y exportación”.
Por lo que, “si bien es una noticia negativa, no creo que sea tan sorpresiva y no creo que sea un impacto adicional a lo que estamos viendo por otras razones”, agregó.
Para realizar algún tipo de proyección de lo que pueda ocurrir, el economista apuntó que hay que poner atención “durante este segundo semestre estar atento a lo que pasa en el Congreso y a las definiciones que se vayan tomando desde el Gobierno, tanto a nivel nacional como a nivel del Gobierno Regional”.





