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Columnas de Opinión

Tetris o puzzle: cómo se construye una comuna con inversión pública

MARTES, 11 DE AGOSTO DE 2026


Hay una diferencia que vale la pena mirar con calma. En el Tetris las piezas caen sin que uno las elija y se acomodan bajo presión, sin imagen previa final. En un puzzle existe una imagen previa, y cada pieza se justifica porque encaja en ella. Buena parte de la inversión pública comunal se juega en esa distinción.

Las iniciativas se financian por vías diversas, sectoriales, del gobierno regional o de cooperación internacional, cada una con reglas, plazos y exigencias metodológicas que ningún equipo puede saltarse. Esa complejidad no se elimina, se administra, y se administra mejor cuando existe una cartera ordenada y un objetivo comunal explícito que le dé sentido. Sin esa imagen previa, postular se vuelve reacción y no estrategia.

La imagen tampoco la dibuja el municipio a solas. Se construye con el actor público, el privado y el social, presentes no solo en el diagnóstico sino en la planificación, la gestión y la ejecución. Convocarlos sin capacidad real de concretar produce el peor resultado posible: expectativas instaladas que la institucionalidad después no sostiene.De ahí que el error más costoso no sea técnico sino de sentido. Distribuir proyectos de manera discrecional deriva en el conocido picadero, una acumulación de obras pequeñas y desconectadas donde conviven espacios nuevos con espacios envejecidos. El picadero desequilibra el territorio, habilita prácticas clientelares de premio y castigo, y consume el tiempo que  la comuna necesita para resolver sus problemas de fondo.

Por eso, frente a un PMU/PMB, un FRIL o el FNDR, la pregunta pertinente no es cuánto financia, sino qué habilita después. Ahí aparece el valor público acumulado, que nunca es la simple suma de obras inauguradas.


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