Lejos de las tendencias actuales, Infeligreses optó por volver a las raíces para construir una propuesta marcada por el romanticismo del bolero y el vals peruano. El proyecto se gestó en Extensión Cultural El Teniente y hoy se proyecta con una identidad definida.
El origen se remonta a 2011, cuando Andrés Molina, profesor de guitarra, recibe el encargo de conformar un grupo de música latinoamericana en este espacio formativo (EXTECU). Bajo el nombre de “Los Colegas”, comienza a trabajar repertorio peruano junto a sus alumnos, línea que con el tiempo daría forma a los ejes musicales del proyecto.
En esa primera etapa, el grupo se conforma con Jenniffer Fernández en el canto, junto a Carlos González y Daniel Parraguez en guitarra, todos parte del espacio formativo, dando inicio a un proceso marcado por el aprendizaje y la exploración.
Con el paso del tiempo, el proyecto comienza a tomar una identidad más definida y, en 2018, adopta el nombre de Infeligreses, consolidando el camino musical que venía desarrollando.
Tras el cierre de EXTECU durante la pandemia, el proyecto entra en pausa y posteriormente se retoma con un enfoque más definido y profesional. En ese proceso se integran Víctor Espinoza y Sergio Mella, consolidando la formación actual.
Este nuevo escenario también permitió reafirmar el camino musical que venían desarrollando desde el cominezo. En esa línea, el percusionista Sergio Mella explica, “más que una decisión inicial, fue algo que se fue dando de manera natural. Venimos de influencias muy distintas, con músicos ligados al rock, blues, jazz y balada pop, pero en ese camino encontramos un punto en común. A partir del trabajo con el repertorio peruano, nos conectamos profundamente con este género. Con el tiempo, esa conexión se fue fortaleciendo hasta convertirse en el sello que hoy define a Infeligreses”.
En esa misma línea, la esencia del grupo se construye desde el respeto por la tradición. “El sello es tratar de conservar el estilo del bolero y el vals peruano, hay ciertos arreglos que hemos realizado, pero sin alejarnos de la esencia”, agrega Mella.
Esa identidad también se refleja en el nombre del proyecto, ya que “Infeligreses” surge a partir de una broma interna vinculada a constantes referencias religiosas dentro del grupo. “El nombre nace de un juego que teníamos con un ex percusionista, que asociaba todo con la religión, y de ahí salió ‘Infeligreses’”, comenta el músico.
Sobre el escenario, esa coherencia se traduce en una propuesta que busca generar una conexión directa con el público. Más allá de la interpretación, el foco está puesto en la emoción y en la capacidad de evocar recuerdos. “Buscamos transmitir emoción y nostalgia, conectando con lo más íntimo de quienes nos escuchan. Queremos que cada canción no solo se escuche, sino que se sienta”, explica.
El repertorio también ha ido evolucionando con la incorporación de nuevos temas, en un proceso donde el público ha tenido un rol relevante. “Se han ido sumando canciones y el público también ha influido en cómo ha ido creciendo el repertorio”, señala Mella. “Esta forma de trabajo ha sido fundamental para nuestro crecimiento como grupo”, añade.
Sostener el proyecto en el tiempo, sin embargo, no ha estado exento de desafíos. Compatibilizar la banda con las responsabilidades personales ha sido parte del proceso. “Cada uno tiene sus propias responsabilidades, pero tratamos de organizarnos para que la banda siga funcionando, especialmente en los ensayos”, comenta el guitarrista Víctor Espinoza, destacando la flexibilidad y la organización como claves para mantener el trabajo colectivo.
Actualmente, Infeligreses mantiene presencia en plataformas digitales como Instagram y YouTube, donde comparten parte de su trabajo y anuncian nuevas presentaciones. Con una agenda abierta para los próximos meses y proyecciones en fechas como el Día de la Madre y el Día del Patrimonio, la agrupación continúa consolidando una propuesta que conecta con la música latinoamericana desde la emoción y la cercanía con el público.






