Cada 21 de marzo se conmemora el Día Mundial de los Glaciares, una fecha que nos invita a reflexionar sobre el rol fundamental que estos gigantes de hielo cumplen en la preservación de la vida. Aunque muchas veces los vemos como paisajes lejanos, los glaciares son una de las principales fuentes de agua dulce del planeta y cumplen una función clave en el equilibrio de los ecosistemas y en la disponibilidad hídrica de nuestros territorios.
En regiones como O’Higgins, donde el agua sustenta la agricultura, la actividad productiva y la vida de nuestras comunidades, lo que ocurre en la cordillera tiene un impacto directo aguas abajo. Los glaciares actúan como reservas naturales que almacenan agua en invierno y la liberan en períodos de menor disponibilidad, ayudando a enfrentar la sequía y los efectos del cambio climático.
En este contexto, el conocimiento científico se vuelve clave. En la Universidad de O’Higgins, a través del trabajo del Dr. Hans Fernández y su equipo del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3), desarrollamos el monitoreo del glaciar Universidad en la cuenca del río Tinguiririca, en el marco de un servicio contratado por la Dirección General de Aguas. Este trabajo permite medir su evolución, entender su comportamiento y generar información concreta para una mejor gestión del agua en la región.
Sin embargo, su retroceso es una realidad cada vez más evidente. Por ello, su protección no es solo una tarea científica, sino un desafío colectivo. Desde la academia generamos evidencia; desde las instituciones públicas se impulsan políticas y monitoreo; y desde el sector productivo se deben incorporar prácticas más sostenibles en el uso del recurso hídrico.
Porque en un escenario de cambio climático, proteger los glaciares no es solo una tarea ambiental, es una decisión estratégica. Lo que hoy hagamos en la cordillera definirá la seguridad hídrica y el bienestar de nuestras comunidades en el futuro.






