El aumento en los precios de los combustibles ya comienza a inquietar al mundo de las ferias libres en Rancagua. Aunque el impacto inmediato aún no se refleja con fuerza en los puestos, en el sector advierten que el escenario cambiará drásticamente en pocas semanas, especialmente cuando termine la producción local de verano y los productos deban trasladarse desde el norte del país.
Así lo plantea Jorge Donoso, presidente del Sindicato de Trabajadores Independientes de Ferias Libres de Rancagua, quien explica que el efecto todavía no se siente porque la medida “recién se implementó hace unos días, no es grande el impacto todavía”. Sin embargo, las proyecciones son poco alentadoras: “Creo que se avecina un invierno súper duro, con costos para la ciudadanía súper grandes”.
El golpe que viene: transporte, estacionalidad y clima
Donoso detalla que el verdadero impacto se verá cuando termine la oferta local de productos de verano —tomate, porotos verdes, pimentón, pepino, choclo, entre otros— y sea necesario traerlos desde otras regiones. “Ahí entra lo que es flete, y ahí se va a ver el impacto del alza de los combustibles”, advierte.
Según sus cálculos, el alza real comenzará a sentirse entre fines de abril y mediados de mayo, dependiendo del clima. Un otoño más frío o lluvioso aceleraría el fin de la producción local y obligaría a depender antes del abastecimiento externo.
A esto se suma la estacionalidad laboral: “Mucha gente temporera queda sin trabajo y hay menor circulante en la calle”, señala, motivo que impulsa a muchas personas a empezar a desempeñarse como vendedores de ocasión en las ferias libres.
Aunque la mayoría de los productos aún no muestra variaciones, algunos ya evidencian un alza significativa. La papa, por ejemplo, pasó de $6.000 a $10.000–$11.000 en pocos días, y en la Vega Baquedano se proyecta que llegue a $14.000 esta semana. “Por la papa por lo menos ya viene una alza grande”, afirma Donoso. Su colega, el feriante Juan Vidal, confirma que algunos productos ya están subiendo, especialmente aquellos almacenados. “Las papas valían 6.000… ahora valen 12.000. No es especulación, es precio más alto. Es real”, asegura el comerciante. Vidal estima que los precios comenzarán a ajustarse desde esta semana, cuando se renueve la mercadería.
Comercio informal: el otro golpe al gremio
Más allá del combustible, los feriantes enfrentan un problema que consideran incluso más grave: el crecimiento del comercio informal y la venta de productos robados. “Es un fenómeno que está pasando a nivel nacional, nos tiene prácticamente en crisis”, denuncia Donoso, explicando que muchos productos sustraídos desde campos locales terminan vendiéndose en ferias sin control. El dirigente advierte que, con menos dinero circulando, la delincuencia podría aumentar y con ello la presión del comercio ilegal sobre las ferias.
Respecto a los nuevos seremis en la región, Donoso señala que su vínculo con Economía se limita a programas como Sercotec, y pide que estos se mantengan. Sin embargo, su principal demanda apunta a seguridad y fiscalización. “Necesitamos más presencia de inspectores… que se creen nexos con las nuevas autoridades, con el seremi de Seguridad o la Delegación Presidencial”, afirma. “Si prometieron mano dura, realmente la tengan, porque hasta el momento no se ve”, denuncia el dirigente.
También expresa preocupación por la eventual derogación de la Ley de Ferias, que —según explica— entregaba un marco jurídico más estable para los permisos y la relación con los municipios. Con 25 ferias funcionando en Rancagua para el abastecimiento de productos frescos y a bajos precios para los hogares, el gremio teme un invierno complejo: alzas en alimentos, más comercio informal y un clima incierto. “Vemos negro lo que es invierno”, resume Donoso.







