Hace unos días celebramos, al menos los católicos, entre los cuales me incluyo, la Semana Santa, que como sabemos, es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, o Jesús de Nazaret, como quiera usted nombrarlo.
Por si no lo sabe, en lo genérico incluye el domingo de ramos al entrar Jesús a Jerusalén, el jueves la última cena, el viernes su pasión, crucifixión y muerte y el domingo su resurrección.
El detalle se lo dejo a quienes por su condición de religiosos o estudiosos saben del tema, orientando este comentario a aspectos más mundanos.
Uno de ellos, talvez el más notorio, es que por tratarse de un festivo en día viernes, da origen a tres días para muchas personas de asueto, lo que se traduce en la última actividad veraniega, aunque ya estemos en otoño, donde las familias salen a unas mini vacaciones, olvidándose en la gran mayoría de los casos, de la Semana Santa.
Si no se sale, parte importante de los que se quedan, disfrutan de un descanso en casa, o de actividades en la ciudad en que residen, dependiendo de lo atractivo que éstas sean.
Sino es católico, el ambiente que generan las celebraciones religiosas, de alguna manera puede influenciarlos, en especial al ver antiguas películas, que pese a ser repetidas año a año en estas fechas, pasan a ser un clásico imperdible, o si se encuentran por casualidad con ellas en la programación televisiva, probablemente las vean, aunque sea solo porque les atrae su condición de superproducciones cinematográficas.
La verdad es que sin ser un apasionado del llamado séptimo arte, vengo desde que recuerdo viéndolas, a veces año tras año, o cada dos o tres.
Las historias que narran son para quienes profesamos la fe católica un atractivo innegable, ya que nos acercan a la época en que siendo niños y estudiantes en colegios de dicha fe, en mi caso salesianos, las mirábamos con atención, ya que ellas se enlazaban con las clases de religión que recibíamos, convirtiéndolas por la magia del cine en algo casi real y tangible para nuestra espiritualidad e imaginación.
No es aventurado decir que ellas nos marcaron tan profundamente, que parte importante de nuestra fe con el paso del tiempo, se vio fortalecida, o al menos no desapareció por completo.
¿Qué pasa con los que no siendo católicos las ven?, pues creo, solo como hipótesis por supuesto, que de una u otra forma reciben el mensaje, o parte de él, ayudándolos en ser mejores personas.
La respuesta sobre que es Semana Santa, es entonces, o al menos así lo pienso, algo individual y por cierto personal.





