Un pequeño mejillón que habita las costas de nuestro país se ha convertido en el centro de una investigación científica que busca responder una de las grandes interrogantes de la biología: cómo evolucionaron los mecanismos reproductivos en los animales. El proyecto es liderado por Pablo Oyarzún, director de la carrera de Biología Marina de la Universidad Andrés Bello (UNAB), junto al Dr. Juan Antonio Valdés y la Dra. Sophie Breton, de la Universidad de Montreal.
La investigación, financiada por un proyecto Fondecyt, se centra en el Semimytilus patagonicus, conocido comúnmente como «chorito negro», una especie presente desde Arica hasta Puerto Montt que posee una característica excepcional: en sus poblaciones conviven individuos machos, hembras y hermafroditas, un fenómeno conocido como trioecia.
«En este proyecto estudiamos la reproducción de moluscos que son muy importantes para las costas de Chile. Uno de ellos –el mejillón Semimytilus patagonicus– presenta una característica extraordinaria, en sus poblaciones existen individuos machos, hembras y también hermafroditas, es decir, que poseen ambos sexos al mismo tiempo. Este fenómeno de tres sexos es extremadamente raro en animales, y solo se ha descrito en 7 especies en el mundo», explica Pablo Oyarzún.
Además de esta particularidad, el investigador sostiene que la especie presenta un mecanismo de herencia del ADN mitocondrial que rompe con uno de los principios más conocidos de la biología, ya que no se transmite exclusivamente por vía materna, convirtiéndose en un modelo de estudio único para comprender la evolución de la determinación sexual.
Un hallazgo sin precedentes
El interés por esta especie se fortaleció tras una investigación publicada en la revista Frontiers in Marine Science, donde el equipo confirmó por primera vez la existencia de trioecia en un molusco.
Para ello se analizaron más de 4.100 ejemplares recolectados a lo largo de cerca de 2.500 kilómetros de la costa chilena, comprobando que la proporción de machos, hembras y hermafroditas se mantiene estable en distintas poblaciones.
«Hemos descubierto que la reproducción en los animales marinos es mucho más compleja de lo que imaginábamos y está fuertemente influenciada por el ambiente. Los animales están hace mucho más tiempo que nosotros en el planeta y, por tanto, han adquirido distintas estrategias reproductivas para sobrevivir por millones de años. Esas estrategias son las que estudiamos e intentamos comprender», señala Oyarzún.
Los resultados obtenidos hasta ahora indican que el hermafroditismo y la autofecundación podrían representar mecanismos evolutivos que favorecen la supervivencia de las especies.
«El hermafroditismo es una estrategia reproductiva muy utilizada por los animales, que les ha permitido sobrevivir en momentos hostiles. Incluso utilizando la autofecundación, algo que siempre se ha reportado como negativo para las poblaciones, en algunos casos es la estrategia reproductiva necesaria para sobrevivir. Y esa estrategia la guardan en el ADN para las siguientes generaciones», afirma el investigador.
Asimismo, explica que la coexistencia de machos, hembras y hermafroditas aumenta las posibilidades de reproducción de la especie: «Los hermafroditas pueden desempeñar tanto el rol masculino como el femenino, lo que incrementa las oportunidades de apareamiento».
Añade que «frente a eventos que provoquen una fuerte disminución poblacional, una especie con este sistema reproductivo podría tener una mayor capacidad para recuperarse».
Investigación continúa
Actualmente, el equipo desarrolla campañas en terreno y experimentos bajo condiciones controladas para profundizar en los mecanismos genéticos y moleculares que intervienen en la determinación sexual de estos invertebrados marinos y evaluar cómo responden frente a cambios ambientales.
Según Oyarzún, estos estudios también podrían tener aplicaciones futuras en áreas como la conservación y la acuicultura.
«Comprender cómo se reproducen los organismos marinos es clave para proteger la biodiversidad y enfrentar los cambios ambientales que afectan a los océanos», sostiene.
Finalmente, concluye que «este conocimiento podría tener aplicaciones futuras en acuicultura, conservación y manejo sustentable de recursos marinos. Además, entender los mecanismos que regulan la reproducción permitiría anticipar cómo ciertas especies podrían responder al cambio climático o a la contaminación marina».







