En la doctrina jurídica, se denomina efecto perverso aquél no deseado, que produce un efecto contrario al de quien ejecutó un acto, convencido de un efecto saludable.
El caso más usado en la cátedra para explicar lo anterior, es la siguiente: en los Estados Unidos se prohibió el consumo de alcohol, la famosa veda, y el efecto fue que surgieron las mafias que traficaban ilegalmente con el alcohol. La gente siguió bebiendo y surgió el crimen organizado. Claro efecto perverso. Otro caso es el aumento desmedido de los impuestos, el efecto perverso es que aumenta la evasión, como acontece hoy en Chile, porque vale la pena correr el riesgo de ser sorprendido.
En estos días, nuestro país se ve enfrentado a una cesantía elevada, cercana al diez por ciento, y muy incrementada respecto de las mujeres.
La pregunta obvia es: ¿qué produce tal cesantía? La respuesta es clara: es un efecto perverso.
Los sectores llamados progres, de enorme ignorancia en materia económica, impusieron normas laborales cada día más encarecedoras de la mano de obra. Por supuesto, la derechita cobarde dio su voto. La reducción de la jornada semanal a 40 horas, el aumento de los días de descanso para hombres y mujeres, el encarecimiento de las pensiones con el aumento de aportes empresariales, el abuso con las licencias médicas, ahora la llamada sala cuna universal, todos beneficios cuyos autores soñaron, en su ignorancia, que era en beneficio de los trabajadores. Todos estos beneficios tienen un costo económico, encarecen la mano de obra. El efecto perverso es claro: a mano de obra encarecida, se despide gente o se contrata un número menor. La cesantía que nos agobia es un efecto perverso de medidas laborales presuntamente favorables para los trabajadores, mal pensadas y peor ejecutadas. Son su peor veneno.
La conclusión es que los sectores progres, o de izquierda, que dicen apoyar a los trabajadores, por su ignorancia, les están causando un daño enorme.
Lo grave de esta situación es que no tiene remedio, porque el mal ya está causado. Las leyes se dictaron, están vigentes, la Corte Suprema resolvió con ignorancia en el caso de las Isapres, no hay poder alguno que nos pueda impedir que los efectos perversos que nos afectan puedan suprimirse, porque para eso habría que modificar las leyes dictadas, lo que no tiene el menor sustento parlamentario.
La conclusión es penosa: la cesantía es un efecto perverso de leyes mal dictadas, no tiene remedio y seguirá presionando, cualquiera que sea el gobierno de turno.
El consejo es uno solo: ¡dejemos de dictar leyes sin considerar sus efectos perversos! ¿Tendremos gobiernos y parlamentarios preparados?






