El sobrepeso y la obesidad en perros se han transformado en una preocupación creciente para la medicina veterinaria. En Chile, uno de cada tres perros presenta exceso de peso, según datos del Colegio Médico Veterinario, una condición que afecta directamente su bienestar y que puede desencadenar diversas enfermedades, reduciendo su calidad y expectativa de vida.
Desde la Universidad de O’Higgins, la jefa de carrera de Medicina Veterinaria, Rocío Lagos, señaló que esta realidad muchas veces pasa inadvertida para los tutores, quienes suelen asociar un mayor peso con una buena alimentación. Al respecto, afirmó: «La verdad es una cifra bastante alarmante. Al ser una enfermedad crónica y progresiva, no solo reduce la expectativa de vida, sino que también agrava el bienestar diario de los perros».
La especialista explicó que el exceso de grasa corporal no representa únicamente un problema estético, sino que también genera alteraciones fisiológicas que afectan distintos órganos del organismo. «La grasita no es solamente una reserva de energía. También libera sustancias proinflamatorias que pueden generar daño a distintos órganos y reducir el tiempo de vida de nuestras mascotas», explicó.
Añadió que las consecuencias son similares a las que enfrentan las personas con obesidad: «Es igual que en los humanos. Hay un exceso de carga sobre las articulaciones que favorece la osteoartritis, aumenta la predisposición a enfermedades metabólicas, problemas hormonales y cardiorrespiratorios, además de disminuir la vitalidad y las ganas de jugar o explorar».
Asimismo, indicó que mantener un peso adecuado también reduce los riesgos asociados a procedimientos médicos. «Los perros obesos presentan más complicaciones anestésicas y quirúrgicas, por lo que mantener un peso adecuado también es una forma de prevenir riesgos frente a futuras intervenciones», comentó.
Humanización de las mascotas
Uno de los factores que favorece el aumento del sobrepeso es la tendencia a humanizar la alimentación de los perros. Según explicó la académica, muchos tutores interpretan determinadas conductas como señales permanentes de hambre.
«Muchas veces interpretamos su solicitud de comida como una muestra de cariño o pensamos que tiene hambre porque nos mira. Ahí perdemos el control de la alimentación y comenzamos a entregar más calorías de las que realmente necesita», indicó.
A ello se suma el consumo de sobras de comida, snacks o golosinas que alteran el equilibrio nutricional. «El problema no es solamente dar sobras de comida, sino el desequilibrio nutricional que se genera al reemplazar una dieta balanceada por alimentos ricos en grasas y carbohidratos que no fueron diseñados para cubrir sus requerimientos nutricionales», afirmó.
La profesional también recordó que los perros esterilizados requieren menos energía, por lo que mantener las mismas porciones después de la cirugía favorece el aumento de peso.
Actividad física y alimentación
Lagos explicó que el sedentarismo también influye en el aumento de la obesidad canina, especialmente en zonas urbanas donde los animales permanecen gran parte del día en espacios reducidos.
«La obesidad es un balance energético positivo. Si entra más comida de la que se gasta, esa energía se almacena. Hoy muchos perros pasan gran parte del día solos o en espacios reducidos, disminuyendo considerablemente su gasto energético», sostuvo.
En ese contexto, recomendó promover el ejercicio diario y actividades que estimulen tanto el movimiento como la actividad mental de las mascotas. «En promedio un perro necesita entre 30 y 60 minutos diarios de actividad. Cuando no existe mucho tiempo disponible, los juegos de olfato, esconder premios o enseñar comandos dentro de la casa pueden transformarse en excelentes alternativas para aumentar el gasto energético», señaló.
Respecto a cómo identificar el sobrepeso, explicó que un perro con una condición corporal saludable permite palpar fácilmente sus costillas, presenta una cintura visible al observarlo desde arriba y un abdomen levemente recogido. En cambio, cuando el cuerpo adquiere una forma más cilíndrica o desaparece la cintura, es recomendable consultar con un médico veterinario.
Además, advirtió que existen razas con mayor predisposición genética. «Hay razas con mayor predisposición genética, entre ellas labrador retriever, golden retriever, beagle, pug y cocker spaniel», aunque aclaró que «cualquier perro puede desarrollar obesidad si mantiene una alimentación inadecuada y poca actividad física».
Sobre la alimentación, recomendó privilegiar productos balanceados de buena calidad y controlar las porciones. «A veces un alimento de mejor calidad parece más caro, pero requiere una menor cantidad diaria, por lo que finalmente puede resultar incluso más conveniente. Lo importante es controlar las porciones y evitar alimentar a ojo», comentó.
Finalmente, llamó a cambiar la percepción que asocia el sobrepeso con bienestar. «Muchos piensan que un perrito gordito es un perrito feliz, pero eso es un error. La felicidad de una mascota está en su capacidad de correr, jugar, explorar e interactuar con su entorno. Cuando el exceso de peso limita esas actividades, también limita su calidad de vida», concluyó.






