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Columnas de Opinión

Utoya: La democracia frente al odio

JUEVES, 23 DE JULIO DE 2026


La respuesta de Noruega al terror sigue siendo una lección frente a la política del miedo.

El 22 de julio de 2011, Anders Breivik asesinó a 77 personas en Noruega, la mayoría jóvenes reunidos en la isla de Utoya.

Noruega respondió al horror con frases notables: “Mantengo la fe en que la libertad es más fuerte que el miedo”, el rey Harald V no prometió venganza ni subir las penas. Por su parte el Primer Ministro ofreció más democracia y más humanidad. Fue una lección contra el mal: al odio y a la violencia política se le combate con pensamiento y profundidad. Los jefes de Estado y de Gobierno demostraron que su país, a pesar de todo, no abandonó su identidad democrática.

Hoy, ese ejemplo parece lejano. La polarización digital, la radicalización política y la desinformación han dejado de ser marginales para instalarse en las primeras planas y en las actitudes de líderes que reemplazan los argumentos por el insulto o normalizan la mentira. El miedo ya no se oculta: se fabrica, se amplifica, se vende como herramienta de control. Cada tragedia alimenta respuestas viscerales, proyectos punitivos y la falsa promesa de seguridad a cambio de libertades.

El eco de la memoria mantiene viva la frase del rey noruego y se ha vuelto incómodamente vigente. Porque frente a la estridencia, la libertad y la razón siguen siendo los mejores antídotos contra la superficialidad que alimenta al totalitarismo. No es ingenuidad: es una opción radical, como el mal que debe combatir.

Los jóvenes de Utoya murieron por el odio. Su memoria nos recuerda que la respuesta no puede ser más odio, sino más tolerancia y más humanidad. Y mantener la fe, contra toda evidencia, en que la libertad, bien ejercida, sigue siendo más fuerte que el miedo.

Si perdemos esa fe, casi todo estará perdido.


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