A solo 3,3 kilómetros al sur poniente del centro urbano de Chimbarongo, en el sector Rincón de Las Cuadras, el progreso parece haber pasado de largo, dejando a su paso una estela de contaminación e indolencia. Allí, un grupo de diez integrantes de una tradicional familia local cumple más de 15 años conviviendo con una bomba de tiempo sanitaria: el colapso sistemático durante lluvias de cámara de alcantarillado de la empresa sanitaria Essbio, que transforma el camino público en un río de aguas servidas y desperdicios humanos.
La génesis del problema se remonta a la instalación de una planta de tratamiento de aguas servidas en un terreno contiguo a sus viviendas, autorizado hace más de 20 años. La paradoja resulta tan evidente como indignante: mientras la infraestructura procesa los desechos de gran parte de la comuna, los vecinos que residen a escasos metros carecen de conexión a la red de alcantarillado público, viéndose obligados a depender de fosas sépticas e improvisadas norias.
«Nuestra familia habitaba este lugar mucho antes de que se construyera la planta», enfatiza María Rosa Celis, residente desde hace 25 años y quien hoy lidera las demandas del sector. Sin embargo, la convivencia con la empresa se ha vuelto insostenible.
El escenario según la vecina, alcanza niveles críticos durante la época invernal. Con las primeras lluvias, el incremento del caudal provoca que la cámara sanitaria reviente en pleno camino vecinal. El colapso desborda excrementos, toallas sanitarias y residuos biológicos que escurren libremente hacia los accesos de las casas.
Frente a este foco de infección, la respuesta de Essbio ha sido insatisfactoria: el envío esporádico de un camión menor que no absorbe ni retira los desperdicios, sino que se limita a lavar la calzada con agua a presión, desplazando la masa de basura orgánica e infecciosa hacia las bermas, donde termina acumulándose, destaca la indignada vecina chimbaronguina.
En verano, el drama no da tregua. Las altas temperaturas intensifican la descomposición de los residuos estancados, generando emanaciones insoportables y prolíficas plagas de moscas que invaden las viviendas, incluso con puertas y ventanas herméticamente cerradas.
Las secuelas humanas y de salud son profundas. Tras el terremoto de 2010, las aguas servidas de la planta se filtraron de forma silenciosa al subterráneo, contaminando la noria familiar desde la cual se abastecían de agua potable. El consumo involuntario de esta agua servida desencadenó afecciones estomacales crónicas e irreversibles en el padre de María Rosa, deteriorando gravemente su calidad de vida.
Pese a los constantes reclamos a la empresa sanitaria, las gestiones han chocado contra un muro de burocracia. Las llamadas que por años realizó la familia a representantes de la empresa no derivaron en intervenciones estructurales. A esto se suma el desencanto con las autoridades políticas: los vecinos recuerdan con amargura la visita del senador Luis Castro, quien tras consultar si existían acciones legales en curso, se retiró sin articular gestiones concretas ni soluciones de fondo.
Hoy, la comunidad del Rincón de Las Cuadras exige la intervención urgente de la Superintendencia de Servicios Sanitarios y de la Seremi de Salud, demandando una solución técnica definitiva y la ansiada conexión a la red pública, para poner fin a década y media de olvido e insalubridad.






