Las personas mayores de 2050 ya nacieron. Hoy tienen cuarenta o cincuenta años y la ciudad que habitarán se decide ahora, en cada vereda, recorrido de micro y loteo. Luhmann (1976) llamó futuro presente a la imagen del mañana con que decidimos hoy. Si esa imagen omite la vejez, el mañana la encontrará sola. El Censo 2024 confirma la urgencia. El 14% del país tiene 65 años o más, frente al 6,6% de 1992, y por cada 100 niños existen 79 personas mayores.
Un estudio en Rosario, localidad de Rengo, lo vuelve concreto (Ramírez, 2023). El 81% de los encuestados tiene a la propia localidad como destino cotidiano, pero el 82% va acompañado al centro de salud y el 60% viaja siempre con alguien fuera de la comuna. Las mujeres caminan, los hombres conducen, y las trece que cuidan a otra persona son mujeres. La movilidad en la vejez es una red de favores y afectos que cubre lo que transporte y servicios no alcanzan. Esa red también envejece.
Por eso la vejez no puede seguir siendo un programa sectorial. Debe ser el punto donde convergen planificación, servicios y bienestar humano. Una vereda en buen estado es política de salud y una micro frecuente es política de cuidados. El transporte y la salud de especialidad dependen de otros niveles, pero solo el municipio ve a la persona completa. Le corresponde medir esa dependencia y ordenar su inversión con ella.
Planificar para la vejez es previsión con nosotros mismos. El futuro ya está presente, solo falta que la ciudad se entere.






