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Hospital de Chimbarongo reconoce a seis funcionarios por años de servicio


Han dedicado entre 20 y 40 años de sus vidas al servicio de la salud

JUEVES, 8 DE OCTUBRE DE 2026
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Publicado por

Javier Celis



Hay lugares que terminan siendo mucho más que un espacio de trabajo. Son espacios donde transcurren años, se construyen amistades, se viven momentos difíciles y también alegrías, y donde los rostros de quienes alguna vez llegaron buscando atención terminan formando parte de la propia memoria. Eso es, para muchos funcionarios y funcionarias, el Hospital de Chimbarongo.

En el marco de la conmemoración del Día del Hospital, el establecimiento realizó una ceremonia para reconocer la trayectoria de seis integrantes de su comunidad funcionaria, quienes han dedicado entre 20 y 40 años de sus vidas al servicio de la salud.

En esta oportunidad fueron reconocidos Carlos Acevedo, por 40 años de servicio; Yessica Morales, por 35 años; Paola Pérez, por 30 años; Fernando Cortés, por 25 años; y Manuel Amaya y Úrsula Guzmán, por 20 años.

En conjunto, son 160 años de servicio que representan miles de jornadas de trabajo, cambios en la institución, generaciones de pacientes y familias, compañeros que llegaron y que hoy ya no están, además de innumerables experiencias que han ido dando forma a la historia del hospital.

Uno de esos relatos es el de Yessica Morales, quien cumplió 35 años de servicio y actualmente se desempeña en el área de Gestión de las Personas. Su historia comenzó el 28 de octubre de 1991, cuando llegó para realizar un reemplazo en la oficina de secretaría pre y postnatal.

Después vinieron nuevos reemplazos y un concurso que terminó permitiendo que permaneciera en Chimbarongo. Desde entonces pasó por distintas áreas, entre ellas SOME, contabilidad, abastecimiento, recaudación y admisión, hasta llegar en 2012 al entonces denominado Departamento de Personal, hoy Gestión de las Personas.

“El trabajo siempre me ha gustado harto”, cuenta Yessica, quien reconoce que durante buena parte de su trayectoria el hospital ocupó un lugar importante en su vida cotidiana.

Pero su historia también estuvo marcada por momentos complejos. Durante un periodo de mucho estrés laboral enfrentó un cáncer que la mantuvo alejada del hospital durante casi dos años. Tras superar ese proceso, regresó a su lugar de trabajo con una mirada distinta.

“Volví con harto cariño y con ganas de seguir trabajando”, recuerda.

El hospital también fue parte de su historia familiar. A través de su trabajo pudo sacar adelante a sus tres hijos y acompañarlos durante su crecimiento y educación. “Trabajar en el hospital me ha servido de mucho porque he criado a mis hijos, les di educación a todos”, relata.

Yessica también ha sido testigo de la transformación del establecimiento. Recuerda los años en el antiguo hospital, cuando las condiciones eran diferentes a las actuales y los funcionarios debían desenvolverse en espacios pequeños y, especialmente durante el invierno, muy fríos.

El traslado al actual recinto significó para ella un cambio importante. “Desde ese lugar tan añoso, tan helado, frío, llegar ahora a un hospital nuevo fue un cambio maravilloso”, señala.

Sin embargo, entre sus recuerdos destaca especialmente la cercanía que existía entre los equipos. Al ser un hospital más pequeño y contar con menos funcionarios, todos terminaban conociéndose y colaborando entre sí.

“Todos teníamos que ver, todos teníamos contactos y nos coordinábamos para cualquier cosa. Ayudas entre los mismos funcionarios”, recuerda.

Otra trayectoria reconocida fue la de Manuel Amaya, quien cumplió 20 años de servicio. Antes de ingresar al hospital era artesano en mimbre, oficio que todavía desarrolla de manera esporádica. Durante un invierno, cuando este trabajo disminuía, surgió la posibilidad de realizar un reemplazo como auxiliar de servicio.

Sus conocimientos de electricidad y gasfitería también fueron considerados y posteriormente participó en un concurso que le permitió permanecer en el establecimiento.

“Una, por la estabilidad, y lo otro porque me gustaba”, explica al recordar las razones que lo llevaron a quedarse.

Manuel comenzó trabajando en el antiguo hospital, donde sus conocimientos técnicos eran especialmente necesarios. Con el paso de los años realizó distintos cursos y adquirió nuevas herramientas para desempeñarse en el servicio público.

Actualmente trabaja junto a otros compañeros en labores de aseo en el área de Urgencias, función que continúa desarrollando con entusiasmo. “Me gusta mucho lo que hago”, afirma.

Su vínculo con el hospital también se extendió a otros espacios. Manuel es dirigente gremial y fue impulsor del club de fútbol del establecimiento, tanto en sus ramas femenina como masculina. Actualmente continúa como presidente y recuerda con orgullo las ocasiones en que los equipos de Chimbarongo obtuvieron triunfos en distintas olimpiadas.

Durante sus dos décadas en el recinto también ha visto partir a compañeros con quienes compartió turnos y jornadas. “Se extrañan, sí, mucho”, reconoce.

El paso de los años también ha significado observar cómo nuevas generaciones comienzan a asumir responsabilidades dentro del establecimiento. “Ya va quedando en manos de gente más joven, otras ideas. Y así es la cosa”, reflexiona Manuel.

Las historias de Yessica y Manuel representan parte de una trayectoria mucho más amplia. Carlos Acevedo, Yessica Morales, Paola Pérez, Fernando Cortés, Manuel Amaya y Úrsula Guzmán suman 160 años de servicio en distintas áreas y funciones.

Sus recorridos dan cuenta de que el funcionamiento de un hospital no depende únicamente de quienes atienden directamente a los pacientes. También requiere de funcionarios que reciben, orientan, mantienen los espacios, administran, gestionan personas, abastecen, limpian y desarrollan otras labores que resultan fundamentales para entregar atención a la comunidad.


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