En el marco del Día Mundial del Agua, la Junta de Vigilancia del Río Tinguiririca (JVRT) marcó un hito cultural y técnico al presentar un ambicioso proyecto editorial, “La cuenca del río Tinguiririca” que recorre la trayectoria de la cuenca desde 1821 hasta sus proyecciones al 2025. Lo que nació como una actualización del «Atlas de Tinguiririca» evolucionó, tras un año de riguroso trabajo, en un documento integral que rescata desde la ordenanza fundacional de 1872 hasta los complejos desafíos tecnológicos de la actualidad.
Miguel Ángel Guzmán, gerente de la JVRT, enfatizó que esta obra trasciende los datos técnicos para centrarse en el ecosistema de la cuenca, situando al ser humano como su pieza fundamental. El libro rinde un especial reconocimiento a figuras emblemáticas como los celadores (antiguamente llamados «aguateros»), responsables históricos de distribuir el recurso y administrar los turnos de riego en los más de 60 canales de la zona.
Asimismo, el texto ofrece un sentido homenaje póstumo a pilares de la organización, como el repartidor de aguas Ambrosio García Huidobro y el abogado Sebastián Vial, quienes durante décadas fueron los arquitectos de la administración legal y operativa del río.
De la zarzamora a la gestión digital
La obra permite visualizar la asombrosa evolución en la gestión hídrica regional. A través de relatos de antiguos regantes, se describe una época artesanal donde la distribución se realizaba con «tacos» de tierra y zarzamora o las tradicionales «patas de cabra» para desviar el agua.
Hoy, ese escenario ha dado paso a la modernidad absoluta: sistemas de telemetría, compuertas motorizadas y aplicaciones móviles que permiten controlar el flujo con precisión milimétrica, una transformación esencial para enfrentar la disminución de la oferta hídrica y las demandas de la agricultura intensiva.
Uno de los puntos más críticos de la investigación es la relevancia de las fuentes de abastecimiento. El Tinguiririca posee un régimen mixto alimentado por lluvias, nieve y glaciares. Según los expertos citados, la zona alberga la tercera masa glaciar más grande de Chile continental (después de los campos de hielo patagónicos), destacando al Glaciar Universidad como una reserva vital para la supervivencia en ciclos de sequía.
Un regalo para la comunidad
Uno de los aspectos más destacables de esta iniciativa es su modelo de gestión: el proyecto fue financiado íntegramente con recursos propios de la Junta de Vigilancia, contando además con la colaboración generosa de especialistas y artistas.
Con el firme objetivo de que la riqueza de la cuenca deje de ser un misterio para sus habitantes, la institución ha dispuesto que la obra sea de carácter gratuito. Para asegurar su alcance, se han distribuido ejemplares físicos en escuelas y organismos públicos, además de liberar una versión en formato PDF. De esta manera, las nuevas generaciones podrán acceder libremente a esta memoria colectiva, estableciendo una hoja de ruta técnica y humana para los desafíos del siglo XXI.
Resumen Texto
El texto documenta la notable evolución de la administración del riego, desde la histórica Ordenanza de 1872 —que estableció las primeras normas de reparto en tiempos de escasez— hasta la actual gestión moderna y tecnificada. La obra relata la transición desde el uso de defensas artesanales y el cálculo «al ojo» de los antiguos celadores, hacia la implementación de telemetría y automatización de caudales que posicionan a la organización a la vanguardia técnica.
Motor económico y santuario naturalMás allá de la gestión técnica, el libro destaca al río Tinguiririca como el motor económico del Valle de Colchagua, regando cerca de 50 mil hectáreas fundamentales para la vitivinicultura de clase mundial y la generación de energía. Asimismo, resalta la riqueza geológica y biológica de la zona, hogar del imponente Glaciar Universidad y de especies protegidas como el cóndor andino, el puma y el loro tricahue.
La publicación también rescata la profunda conexión humana con el entorno, integrando desde hallazgos paleontológicos, como las huellas de dinosaurios en Termas del Flaco, hasta testimonios de arrieros y comunidades que dependen del río.






