Es usual escuchar: “la vida me ha tratado mal”, como lamento de por qué no hemos alcanzado metas anheladas, o por qué tenemos menos que el vecino.
Tal frase nace de creer o pensar que todo se da solo, que basta abrir la boca y que la breva pelada entrará en ella, para paladearla. O que lo que llamamos “vida” debe darnos todo lo que queremos, sin mayor esfuerzo, como si fuera una obligación.
La verdad es la opuesta, la frase debe ser: “¿qué he hecho yo por la vida?”, como una introspección para concluir si lo que anhelaba y no he recibido, se justifica o no lo es.
Debemos preguntarnos si estudiamos lo suficiente, pues en un mundo de inteligencia artificial y de cibernética, no nos basta con la modesta enseñanza recibida en el colegio o en la universidad para alcanzar alturas. ¿Podemos saber lo que no hemos estudiado?¿Podemos alcanzar alturas sin esos conocimientos exigibles? Hoy no basta con leer y escribir y con las cuatro operaciones, debemos elevar nuestro nivel, y si no lo hacemos, la vida nos va tratar mal, por culpa nuestra, por cierto.
Debemos preguntarnos si con nuestra pareja y con nuestros hijos, tenemos los gestos de cariño, de amor, de atención, que todo ser anhela recibir, para su felicidad. Si nos basta con pasarle un teléfono a los hijos y decirle de mala gana que estamos cansados, o guardar silencio ante nuestra pareja, sin decirle el amor que le tenemos, la vida no nos va a premiar. Las cosas, por sabidas se callan, y por calladas, se olvidan. Por supuesto, si no cumplimos con este deber mínimo, la vida nos tratará mal, tendremos desagrados, perderemos nuestra pareja, nuestros hijos se descarriarán.
Si en nuestra labor diaria vegetamos, no nos capacitamos, no intentamos trabajar con mayor energía, con cumplir metas, si no sentimos agrado con lo que hacemos, si repetimos una pesada rutina diaria, con fastidio, no nos quejemos que nos despidan, o que el compañero o compañera progrese, nos supere, porque hace lo que nosotros no hacemos.
El cojo no debe echarle la culpa al empedrado. Asumamos nuestra cojera, miremos nuestro interior, preguntémonos qué hacemos por la vida, antes de repetir, con torpeza, “la vida me ha tratado mal”, la verdad es que tú has tratado mal a la vida, todo es culpa tuya.
¡A superarse, esa es la tarea!






